Inauguro el año bloguero con la sorprendente noticia conocida ayer de que Esperanza Aguirre se incorpora a un caza talentos, no se sabe muy bien si como Asesora estratégica o como Presidenta del Consejo Asesor de Seeliger y Conde.
Además de la extrañeza inicial (yo mismo pensé si no sería una noticia que se nos hubiera colado del pasado 28 de diciembre), nos ha dejado una vez más descolocados a todos y especialmente a alguno de sus tradicionales adversarios políticos. Hemos leído reacciones que a mi entender nada tienen que ver con la especial naturaleza de su singular paso a la empresa privada.
Yo me propongo analizar el caso desde el punto de vista profesional que me permite conocer los dos mundos que toca esta sorprendente noticia: el de los Recursos Humanos (mejor) y el de la política.
En primer lugar analizaré las ventajas e inconvenientes para la propia Esperanza Aguirre. Para empezar no hay que dejar pasar que el anuncio lo realizara en su propia cuenta de twitter, demostrando una vez más que ella es la dueña de su destino y lo más importante, que marca la agenda a todos los demás, tanto compañeros de partido como adversarios políticos.
Su marcha a la empresa privada nada tiene que ver con los criticables e impresentables movimientos de otros compañeros de su propio partido (sin ir más lejos, Rato) o los de la bancada de enfrente (Salgado) a Consejos de Administración de empresas privatizadas o pertenecientes a oligopolios. O las dos cosas…
Todo lo más (y no es poco importante) se le podría acusar de que utilizará los contactos realizados a lo largo de su carrera profesional para el beneficio privado de una empresa. Pero además de ser los efectos de éstos limitados (en principio) en comparación con las grandes inversiones en sectores como el eléctrico o el de telecomunicaciones, se mueven más en el terreno difuso de la capacidad de influencia que en el de los grandes capitales. Y en cualquier caso, tampoco considero justo criminalizar a nadie por rentabilizar sus contactos cuando eso es realmente (además del propio talento personal) lo que permite que los profesionales se muevan entre las empresas. O sino, ¿por qué un comercial es interesante para la competencia? En muchos casos, por su agenda de contactos…
En cuanto a las desventajas, destaco el difícil equilibrio que supondrá compaginar la Presidencia del PP de Madrid, suponiendo que Esperanza Aguirre sea sólo eso en el PP madrileño. En cualquier caso, esa dificultad, que me parece muy importante, me lo parece más para Seeliger y Conde y (sobre todo) para el PP, que para ella misma. Y por lo que hemos visto en el pasado, podemos intuir que esa clase de situaciones no incomodan en absoluto a nuestra exlideresa y que por el contrario es capaz de sacarles rendimiento en su propio beneficio. Veremos cómo lo resuelve el PP en el futuro
Algunos comentaristas, tanto pro-Aguirre como contra-Aguirre han destacado el papel que tendría como head hunter en su nueva empresa. Yo no lo creo. A mi juicio, su cometido más destacado será el de influir, facilitar contactos, asesorar, etc. Si lo hiciera, su propia experiencia como lideresa le ayudaría, ya que ha podido aprender de grandes fracasos y éxitos eligiendo colaboradores, cómo todos. Aunque sombras en la elección de colaboradores hay muchas, como nos ha recordado hoy mismo Ignacio Escolar en su blog
Y finalmente, o mucho me equivoco o la dedicación temporal a este nuevo trabajo será limitada, es decir a tiempo parcial. Lo que le permitirá, sin duda, desarrollar otras actividades, sean éstas las que sean. Y supongo que en Génova tomarán buena nota.
En segundo lugar, analizaré las consecuencias sobre la compañía que la contrata, Seeliger y Conde. En este caso, mi valoración es mucho más negativa que positiva.
Es indudable la repercusión mediática de su nombramiento. A día de hoy serán pocos los madrileños y españoles informados que no conozcan la existencia de esta empresa.
Y por otro lado, no hay duda de que Esperanza Aguirre facilitará contactos, muchos contactos a Seeliger y Conde. Y muchos de ellos, además, al más alto nivel político y empresarial; lo que es crucial en un capitalismo como el español en el que desgraciadamente las fronteras entre negocio y política son casi siempre demasiado difusas.
En cuanto a las consecuencias directamente negativas no acabo de ver las ventajas que tiene precisamente esa repercusión mediática en un sector tan discreto, si queremos ser condescendientes, o directamente tan opaco, como el del head-hunting. Es casi imposible conocer las cifras de facturación de un sector tan influyente en la economía como este. Todas las magnitudes que se facilitan son siempre aproximadas, ya sean de beneficios, empleados, procesos, etc. Y todo aquel que ha sido contactado alguna vez por una empresa de este tipo sabe de qué estamos hablando: absoluta discreción, oficinas lujosas y casi vacías, cierta sensación de misterio, etc.
Otra dificultad, en este caso más de gestión, será la de sujetar a quien está acostumbrado a mandar y que además lleva a gala ser un verso suelto, por no mencionar sus habituales meteduras de pata en público. Todas estas características que son un ingrediente que ha dado mucho juego a Esperanza Aguirre en el pasado, descuadran en un sector como éste.
En cualquier caso, cuando estamos analizando una decisión empresarial, nunca debemos obviar la componente de riesgo que éstas acarrean y que en este caso puede significar un enorme acierto aunque mi primera valoración es que no beneficiará a la empresa. El tiempo dirá.
Y para terminar, un dato más emocional y que demuestra las dotes de Aguirre. En un entorno en el que debería enfrentarse a despidos y recortes que siempre son dolorosos, ha cedido el papel de Terminator a su heredero González y ella se ha reservado la tarea mucho más agradable de dedicarse a ofrecer oportunidades profesionales a los profesionales más talentosos.
Como conclusión. Desde la poca simpatía que me produce el personaje, hay que reconocerle, una vez más una extraordinaria habilidad política y mediática. Y no deja de tener su aquel que la máxima “privatizadora” en activo tenga su primera experiencia profesional en la empresa privada con 61 años. Nunca es tarde…






